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LA VIDA ES SUEÑO

  • 6 ago 2016
  • 2 Min. de lectura

Seguramente te resuena el nombre "Segismundo" o el título "La vida es sueño" o la frase "Los sueños, sueños son.". Pues se tratan de palabras alusivas a la obra de teatro de Pedro Calderón de la Barca. Este dramaturgo español enfocó la obra en dos temas centrales: la libertad y el destino. Se estrenó en el siglo XVII. Su estructura está compuesta por tres actos, con sus escenas internas. Los personajes principales: Segismundo y Rosaura.


Reseña: "Pedro Calderón de la Barca es el nombre del teatro barroco español, y La vida es sueño, la expresión por excelencia de ese teatro.Representadas en corrales y en la corte, las obras de Calderón transitaron primero los cánones consagrados de la época y revirtieron después hacia la espectacularidad de los autos sacramentales y las historias mitológicas. Y estas dos etapas de su escritura expresan, en un siglo crítico para España (agitado por los debates que instaló la Contrarreforma), el furor poético, la vitalidad y la desmesura que hicieron posible que el arte abandonara de una vez la antigua preceptiva y se instalara de lleno en la modernidad, superados los titubeos renacentistas. Segismundo y su aislamiento, impuesto por un padre clausurado en la verdad absoluta de la predestinación, plantean otra de las cuestiones clave del barroco en la península (que se polemizara en el Concilio de Trento), a la vez que resume en su metáfora una honda reflexión sobre la existencia del hombre y su albedrío. Florencia Calvo, que tuvo a su cargo la preparación de esta edición, propone un análisis que va más allá de la dimensión filosófica (premisa básica de la mayoría de las lecturas críticas de la obra) para centrar la mirada en su articulación dramática, en el texto poético como 'formidable máquina retórica'."


Mis fragmentos favoritos, del segundo acto, son:

¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.


Cuando había empezado a leerlo, ya lo había realizado con entusiasmo. Desconozco de malas críticas hacia esta pieza teatral. Y es que, en verdad, la caracterización de, principalmente, Segismundo es de una grandiosa construcción. Las vueltas de la vida por las que atraviesa este protagonista, dan para pensar. Que si era un sueño lo que había vivido, que no, que le hacen creer que sí. Estos vaivenes, incluso emocionales para el lector, son lo que hacen de esta historia un clásico. Esta vez, el relato es el que, para mí, toma el lugar principal en la composición. Y, desde un abordaje más semiótico, las figuras/adornos presentes son numerosas: hipérboles, metáforas, analogías, metonimias, etc.



Un dato que, personalmente, me resultó muy curioso, apareció cuando estaba leyendo e investigando por Internet, la biografía del autor: Calderón de la Barca. Además de haber sido escritor, también se había recibido de sacerdote en 1651, llegando a ser criticado por ciertos escritos que bien podrían ser entendidos como "carentes de moral", según ciertos individuos.


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